Durante años, las marcas han invertido grandes presupuestos en influencers para ganar visibilidad, engagement y afinidad. Y funcionó. Hasta que dejó de hacerlo igual. Hoy, en un contexto saturado de mensajes, discursos pulidos y promesas repetidas, la atención ya no es el problema. La confianza sí.

Cuando un empleado dice: “Aquí me respetan”. “Aquí crezco”. “Aquí lo que prometen se cumple”. Cada uno de esos mensajes pesa más que cualquier campaña.

Por eso hay que decirlo sin rodeos: no hay influencer más poderoso que un empleado hablando bien de la empresa para la que trabaja.

No porque tenga más seguidores, sino porque tiene algo mucho más escaso: credibilidad. A eso, en Heart, lo llamamos “emploencer”.

Un “emploencer” no es un colaborador “posteando por obligación”. No es una táctica de comunicación ni un programa de advocacy maquillado. Es una persona que, desde su experiencia real, valida o desmiente, la promesa de la marca empleadora.

Y ahí aparece nuestra premisa estratégica: “Jamás podrás prometer lo que tus empleados no hayan logrado interiorizar”.

Las cifras más recientes de estudios globales de confianza en 2026 confirman una tendencia clara: las personas confían cada vez menos en mensajes institucionales y cada vez más en voces cercanas, especialmente en personas que “viven” la organización desde adentro.

Los casos lo demuestran. Compañías como Dell y Adobe llevan años apostándole a que sus empleados sean sus principales embajadores. No desde el guion, sino desde la experiencia. Ampliemos cada caso:

Dell: empleados como motor de alcance real

A través de su programa de advocacy, logró en un año más de 150.000 shares, generando 45.000 clics hacia su sitio y alcanzando una audiencia de más de 1,2 millones. Eso es lo que pasa cuando la marca deja de depender solo de la página corporativa y se vuelve una red humana.

Adobe: cuando el alcance se vuelve orgánico

Adobe reportó haber expandido su alcance social en más de 3 millones, y que cada usuario del programa tenía en promedio un alcance de más de 4.000 personas a través de sus redes.  No es magia. Es lo mismo: personas contando desde adentro.

Ambos resultados no han sido solo mayor alcance orgánico, sino algo mucho más valioso: coherencia entre lo que se dice y lo que se vive. Cuando eso ocurre, el mensaje fluye solo.

Pero aquí está el punto crítico: el “emploencer” no se activa, se gana.

Ninguna empresa puede exigirle a su gente que recomiende lo que no disfruta, que defienda lo que no entiende o que celebre lo que no siente.

Construir “emploencers” reales implica invertir en cultura, liderazgo, coherencia y experiencia. Implica que la promesa al talento sea clara, vivible y consistente. Implica entender que la marca empleadora más fuerte no es la que más comunica, sino la que menos necesita explicarse.

En un mundo obsesionado con la influencia externa, el verdadero diferencial está adentro.

No lo olvides: El influencer amplifica mensajes y genera "likes" muchas veces mecánicos. El “emploencer” prueba verdades.

Y en tiempos donde la confianza es el activo más frágil, eso lo cambia todo.

Heart | Identidad, Cultura & Personas

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