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La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en parte integral del trabajo cotidiano.
Aproximadamente 58 % de los empleados en el mundo usan IA de forma regular, y cerca de 33 % la emplean semanal o diariamente para tareas que van desde automatizar correos hasta analizar datos complejos.
Este auge plantea una tensión profunda: ¿cómo potenciamos la productividad sin sacrificar lo que nos hace humanos?
En los últimos años, estudios como el de Deloitte Insights | Tendencias Globales de Capital Humano, han señalado que la IA está revolucionando el trabajo, pero también redefiniendo la propuesta de valor que las empresas ofrecen a sus colaboradores. Los datos muestran que un 41 % de organizaciones promueve activamente el uso de IA generativa en tareas productivas, y más de la mitad de los empleados creen que estas herramientas mejoran la calidad de su trabajo.
Sin embargo, hay una discrepancia clave: mientras las organizaciones celebran eficiencia, muchos trabajadores sienten que la IA beneficia más a la empresa que a ellos mismos. En una encuesta recientes en el Reino Unido, casi la mitad de los empleados compartió esta percepción, y más de una cuarta parte teme perder su empleo por la automatización.
Esa dualidad (ganancia de eficiencia vs pérdida de significado) es exactamente el punto donde nace la HumanIA laboral, no se trata solo de introducir IA, sino de integrarla de manera que refuerce la dignidad, autonomía y propósito de las personas en el trabajo.
La IA puede liberar tiempo de tareas repetitivas (estudios estiman que asistentes inteligentes pueden ahorrar hasta 3,5 horas por semana a trabajadores administrativos), pero también expone un desafío cultural: sin criterios claros, la automatización puede convertir procesos en meros números sin contexto ni empatía.
Un caso paradigmático es el de grandes consultoras tecnológicas que ya integran IA no solo para incrementar output, sino para reimaginar roles humanos: liberan a sus equipos de tareas mecánicas para enfocarlos en estrategia, empatía con clientes y toma de decisiones éticas. Esto ha demostrado, según análisis internos, no solo mejorar resultados, sino retener talento con sentido de propósito.
Otro caso reciente que ilustra bien este enfoque es el de Unilever - IA con “human-in-the-loop”. La compañía utiliza IA en procesos de talento para analizar información y reducir sesgos, pero con una regla clara: ninguna decisión relevante se toma sin validación humana.
Cuando el algoritmo no puede explicar una recomendación con claridad, simplemente no se usa. La IA asiste, pero el criterio, la empatía y la responsabilidad siguen siendo humanos. Este enfoque ha fortalecido la confianza interna y demuestra que la verdadera innovación no está en automatizar decisiones, sino en proteger la dignidad de quienes las viven.
La HumanIA no es una frontera tecnológica, sino un pacto cultural: la tecnología impulsa, las personas deciden y los valores guían.
Esto exige líderes que no solo comprendan algoritmos, sino que sean guardianes de la ética y del sentido. Líderes capaces de equilibrar innovación con condiciones humanas, no como un costo, sino como ventaja competitiva.
Al final, lo que más transformará el futuro del trabajo no será la IA más poderosa, sino la que haga más humana nuestra manera de trabajar con ella.
Heart | Identidad, Cultura & Personas
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