Estrategia

“No hay que competir, hay que compartir”.

Juan Esteban Cock V.
@JuanEstebanCock

Durante años nos enseñaron que competir era la única vía para crecer. Que el conocimiento debía protegerse, guardarse, blindarse como una ventaja. Sin embargo, algunas de las historias más inspiradoras no nacen de la competencia feroz, sino de una convicción mucho más generosa y, paradójicamente, más estratégica: compartir para elevar el nivel de todos.

Esa idea se me hizo especialmente clara en mis últimos días de vacaciones en Perú, en donde estuve con mi familia disfrutando de su extraordinaria riqueza gastronómica. En una cena en Astrid & Gastón, mientras conversábamos con la persona que nos atendía con toda la calidez limeña, surgió una frase que, sin pretenderlo, resumió toda una visión de país y de industria:

“Astrid nos dice que no hay que competir, sino compartir”.

La frase, dicha con naturalidad por uno de sus colaboradores, tiene un trasfondo profundo. No es romántica ni ingenua. Es estratégica. Gastón Acurio y su compañera de viaje, entendieron hace años que el crecimiento de la gastronomía peruana no dependía únicamente del éxito de sus restaurantes, sino de elevar colectivamente el nivel del oficio. Pudieron haber guardado sus recetas, su técnica y su prestigio como un activo exclusivo. Pero eligieron otro camino: compartir conocimiento, formar cocineros, abrir espacios, enseñar y aprender en comunidad.

Gracias a esa decisión, hoy la cocina peruana no es el logro de un solo chef, sino el resultado de una red de talentos que se potenciaron entre sí. Lima no se convirtió en un destino gastronómico de talla mundial por la competencia interna, sino por la colaboración, la generosidad y la construcción de un estándar común de excelencia.

Compartir conocimiento no debilita a quien lo entrega; lo fortalece. Cuando se democratiza el saber, la industria madura. Cuando se eleva el estándar, todos ganan: los clientes viven mejores experiencias, los equipos se profesionalizan, los países construyen identidad y las marcas ganan legitimidad.

Lo vivido en Astrid & Gastón no fue solo una gran cena en familia. Fue una lección de liderazgo. Una demostración de que el verdadero impacto no está en ganar solo, sino en crecer juntos.

Ahora su filosofía no se limita a Astrid & Gastón. Se refleja también en el ecosistema de marcas que Gastón Acurio y Astrid Gutsche han construido a lo largo de los años: La Mar, Tanta, Panchita, El Bodegón, entre otras. Cada una con identidad propia, pero todas conectadas por un mismo principio: hacer accesible la cocina peruana, formar talento y llevar la cultura gastronómica del país a distintos públicos y territorios, sin perder autenticidad ni propósito.

En un mundo obsesionado con competir, su propósito nos recuerda algo esencial: cuando una industria se construye desde el compartir, el éxito deja de ser individual y se vuelve sostenible en el tiempo.

Porque al final, el liderazgo más poderoso no es el que acumula, sino el que deja legado.

Heart | Identidad, Cultura & Personas

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